Yo voy soñando

Blog creativo

Poemas y cuentos de los alumnos del IES Antonio Machado de Soria

Concurso 2017, categoría B, primer premio: UN ALUMNO CUALQUIERA por Alejandro Fernández Jiménez

Escrito por yovoysonando 08-06-2017 en Bachillerato. Comentarios (0)

UN ALUMNO CUALQUIERA

Esta es la historia de un alumno cualquiera, de un instituto cualquiera, pero que no está en un curso cualquiera, sino en aquel en el que la Universidad de espera. Ese curso en el que nunca ves la luz al final del túnel, pero que, cuando lo haces, te deslumbra como si fueran cohetes de fiesta que te dejan atolondrado y sin capacidad de reacción. Ya lo decía el bueno de Einstein, el tiempo es relativo, nueve meses se tornan en segundos, como la PAU, o EBAU, o, espera, ¿era EvAU? (esto es más confuso que las teorías de un Nobel en Física) que en tu casa resulta “relativamente” fácil pero no cuando los petardos de feria te nublan la vista. “Bachillerato es duro”, eso dicen los sabios maestros del alumno cualquiera, si es que, más que un cuento de princesas esto se parece más a Juego de Tronos, aquí ya nadie sabe dónde tiene su cabeza, algunos ya ni la sienten.

Pero entre risas y llantos, aquí sigue nuestro joven aventurero, que, a la par que aumentan sus migrañas, lo hacen las torres de apuntes, tanto que comienza a plantearse la Literatura construyendo castillitos de papeles, pues, el Bueno de Rubén Darío no hace más que hablar de princesas delicadas y príncipes gentiles. Pero, es más, ¿quién estuviera entre los versos del nicaragüense?, quedar atrapado en cuentos de hadas, reír con el bufón que hace malabares con sus pies, disfrutar del volar de mariposas y golondrinas… Esto es lo que pensaría cualquier aprendiz de los saberes variados, pero el valiente alumno cualquiera no quedará encantado bajo el hechizo de las pasiones febriles y, con orgullo y bravura, seguirá los pasos de Don Quijote y Sancho Panza, al entrar el verano en un épico duelo, se enfrentará al temido dragón, guardián de las escrituras Sagradas: la complicada Lengua, el Inglés, conjunto de signos y grafías, y la Historia, que todo abarca. Su camino no ha ido sobre rosas perfumadas, intensos entrenamientos guiados por las enseñanzas de los caballeros de la mesar Redonda han sido necesarios. El aprendiz de las teorías del universo pondrá todo su empeño y coraje en sacar el bolígrafo de Camelot. Dicen las leyendas que, aquel que consiga dominar su apabullante poder, derrotará al lagarto alado con una sutil maniobra que proporcionará a su habilidoso ejecutor el regalo de catorce preciosas joyas de las minas de Oriente. Y más aún, todas las fortalezas de los más recónditos e inimaginables lugares abrirán sus puertas y sus juglares romances cantarán al héroe de Poniente, a aquel de los catorce puntos. La vida y la historia del alumno cualquiera se decidirán en ese momento, una batalla de tres días que escribirá con sudor y sangre su futuro. Solo queda rezar y pedir clemencia, pues la cuenta atrás ha comenzado, los cohetes comienzan a cegarlo, las migrañas a invadirlo, solo le quedan sus queridos maestros y su bendito bolígrafo derrochador de palabras y conocimientos.

Quizás la historia del alumno anónimo resulte fantasiosa o desmesurada. Mas, ¿en qué nos convertiríamos si no dejáramos correr libre a nuestra imaginación cual perro de caza? La ilusión es lo último que cualquier merecedor de cantares de juglares debería perder, pues sin ganas de vivir ni fantasías que cumplir, seríamos esclavos de vampiros que nos chupan la motivación y al niño que llevamos dentro poco a poco sin que apenas percibamos la usurpación. No se rindan y luchen por un lugar de príncipes y princesas.

Concurso 2017, categoría A, segundo premio: EL TRIPETROP por Ayla Núñez Martínez

Escrito por yovoysonando 08-06-2017 en 2º ESO. Comentarios (0)

EL TRIPETROP

Marcos se acababa de despertar cuando vio al borde de la cama cuatro maletas ya hechas. Marcos oyó pasos que provenían del pasillo. Cerró los ojos y esperó. No pasó nada, así que los volvió a abrir, pero de repente la puerta se abrió y apareció su madre.

-  ¡Por fin te has despertado! –exclamó. Tu padre pensaba dejarte aquí durmiendo y largarse sin ti. Anda, vístete. –Y se fue.

Marcos se levantó y cogió su maleta. Su madre, su hermana menor y su padre ya estaban montados en el Tripetrop.

El Tripetrop era un vehículo del futuro que el abuelo del abuelo del abuelo de Marcos había inventado, ya que fue el mayor científico del mundo. El Tripetrop se convertía en el animal que quieras, y como tú estabas dentro de él era como si fueras el animal.

A Marcos le gustaba mucho convertirse en la misma gaviota siempre, después volar y dejarse caer sobre el mar convirtiéndose en un delfín, más tarde exploraba la parte del mar en la que había caído y se decidía a repetirlo.

Ese día, Marcos se tiró muchas veces. Ya estaba cansado, pero lo volvió a hacer por última vez.

Mientras llegaba a la superficie del mar, Marcos se dispuso a cambiar de animal, pero la máquina se había bloqueado, y cayendo de plano sobre su superficie, Marcos se hundió.

Sus padres y su hermana lo estuvieron buscando todo el día pero cuando por fin lo encontraron era demasiado tarde, su cuerpo había llegado a la orilla arrastrado por una ola.

Fue el próximo día cuando lo enterraron, lo hicieron en su lugar preferido, al lado de la playa, donde siempre se podía ver la puesta de sol.

Su hermana lloraba sin cesar, y, cuando una de sus lágrimas cayó en el cuerpo de su hermano, pensó que despertaría cómo en las películas que había visto. Pero no, en todo caso se oyó el ruido de una ola que llegaba a la playa.

Sin embargo, un delfín igual al que se solía convertir Marcos apareció por el mar, también una gaviota con la misma mancha en el ojo que la gaviota de este.

 Y así el sol se fue y el viento se llevó los sollozos de su familia.

Concurso 2017, categoría A, primer premio: RESPLANDOR NOCTURNO por Paula Pérez Romera

Escrito por yovoysonando 08-06-2017 en 1º ESO. Comentarios (0)

RESPLANDOR NOCTURNO

Era una noche oscura, las estrellas habían decidido descansar y sólo alguna de ellas se anunciaba tímidamente en compañía de la estrella polar.

Cansada de un día agitado y un poco asustada por la oscuridad, di de comer a los caballos y decidí acostarme temprano. Antes de entrar en la habitación, me asomé a la ventana de mi cabaña para dar el último vistazo. Miré al exterior y todo en orden, pero… ¡espera!, descubrí una luz dentro de las cuadras.

¡Quizás me olvidé de apagar el candil! Quería avisar a alguien, pero estaba sola. ¿Qué hago? Salí decidida de la cabaña y antes de entrar en las cuadras, vislumbré un resplandor que venía del interior. Me acerqué sigilosamente, mi corazón latía tan rápido que parecía que me acompañaba la charanga de mi pueblo. Sobre unos troncos de madera asomé mi cuerpo a la ventana de las cuadras, con el corazón en u puño, y deseando por todo lo que más se puede desear que me estuviera equivocando.

Apoyé mi cuerpo sobre la ventana para intentar ver algo, pero los troncos se deslizaron haciéndome perder el equilibrio. Caí asustada al suelo y rápidamente me levanté sin pensar en el daño que me había hecho.

Decidí abrir la puerta de las cuadras, dolorida y enfadada porque la falta de valentía me estaba anulando por completo. ¡Oh! Al abrir la puerta pude percibir una ráfaga de luz que parpadeó por unos instantes y luego se apagó.

¿Quién estaba ahí? ¿Javi, eres tú? ¡No me gustan estas bromas!

Aterrorizada cogí la tralla y busqué mi linterna que se había ocultado tras los toscos maderos desde los que caí.

Me armé de valor e intenté entrar con el corazón galopando.

Alumbré bruscamente hacia los caballos. ¡Pobres! Empezaron a relinchar resoplando nerviosamente entre el heno. Al compás, sus sombras se alargaban como si fueran a mi encuentro. ¡No puedo hacerlo! ¡Sí, entraré!

Avancé tres pasos y en un fogoso alboroto se abalanzaron sobre mí pequeñas criaturas alocadas que revoloteaban provistas de cometas o algo similar para aletear.

Me retiré rápidamente para protegerme, abracé a mi yegua como un niño se cobija al regazo de su madre y cuando estaba a punto de chillar despavorida, descubrí que todo aquello había sido una travesura más de unos visitantes que hacía tiempo que no rondaban por allí.

¡Malditos murciélagos, otra vez habían hecho una de las suyas!

Concurso 2017, categoría B, mención: DIVINA PROVIDENCIA por Guillermo Alemán Carnicero

Escrito por yovoysonando 07-06-2017 en Bachillerato. Comentarios (0)

DIVINA PROVIDENCIA

Un viento providente se alzaba sobre Europa. Estaba dispuesto, quizás destinado, a marcar un punto de inflexión. Nadie lo comprendía, pues los grandes cambios no entienden de paciencia. El pueblo se tendrá que adaptar a los nuevos tiempos. No obstante, aquel soplo de aire fresco carecía de frescura para muchos. Suponía la pérdida de su poder, de un sistema integral que les definía como “señores”. Fue una ardua tarea. No resulta sencillo remover en poco tiempo los capitales que sustentan siglos de roca dura, pulidos expresamente para beneficiar a un puñado de privilegiados. Una lucha feroz, inteligente, cambiar las normas del juego. Los cimientos de piedra pueden ser movidos cuando esta se desgasta. Y, cómo no, el tiempo termina arrasando con todo.

Por primera vez en mi vida la esperanza se apodera de mis sentimientos. Un ligero cosquilleo inocente y dócil surge desde mi corazón. La oscuridad, por fin es bella al dejarme soñar despierto. ¿Qué pensará mi amada? Sus padres, sus tierras, sus títulos ya no valen nada en un mundo revolucionario. Sus mejillas brillan con el sol, el mismo que sofoca en invierno y enamora en verano. Un cúmulo de grietas impregnará sus labios cuando estén secos dejando asomar una nostalgia inapelable ante mi ausencia. Ahora, ojalá ahora se desvanezca ese estamento que impide nuestra unión.

Desde que me juró su amor las lágrimas surgieron para quedarse. Noche tras noche me recuerdan lo dichoso que soy. Son como el hielo, pues en exceso me matan. Acaban con mi vida al devolverme a la realidad. ¿Dios mío, por qué jugaste conmigo al crearme campesino? ¿Por qué creaste un mundo para aristócratas en lugar de gobernado por nobles pasiones? Su padre, mi señor feudal, me matará si seguimos adelante. Ella no se lo merece, ser repudiada por su clase. Aunque a  decir verdad, los odio. Todos ellos se comportan con prepotencia. Nosotros, su pueblo, se muere de hambre y sus conciencias no les reconcomen. Detesto sus aires de superioridad, lo detesto todo menos a ella. No puedo rebelarme contra los suyos sin pensar en lo que sufrirá. Puede que me detesten los míos, que me culpen de hipocresía y razón no les faltará, pero la mayor revolución se encuentra en lo más profundo de mí. Ojalá triunfen y construyan aquel mundo armonioso e ideal que prometen. Ojalá nunca nadie tenga que renunciar a su amor porque un sistema infinitamente injusto se lo impide. Son tantos los ojalás que cercioran mi idea de que esta majestuosa historia no es más que eso, una historia, un oasis confortable en el que residen mis sueños y mi voluntad de quererla.

Por desgracia, este mundo no es ni oasis ni belleza. Pecaría de ingenuidad si después de haber renunciado a lo más excelso de mi vida observara con optimismo los cambios que acechan. Por supuesto que esta revolución no nos liberará de nada. Rotarán algunos nombres junto con una retahíla de promesas ilusorias, mas el statu quo no lo cambiará nadie. Ni siquiera el amor que nos profesamos ella y yo, capaz de derribar mi vida entera sin rozar ni por un ápice los capitales del poder. El viento providente no traerá consigo la emancipación de todos. La Tierra seguirá siendo plana y el pueblo llano, pobre.

Concurso 2017, categoría B, segundo premio: EMMA por Esther Alonso Rubio

Escrito por yovoysonando 07-06-2017 en Bachillerato. Comentarios (0)

EMMA

Ya estoy harta, hartísima. Emma siempre me hace lo mismo. No avisa, no le importa si tengo cosas que hacer, simplemente viene a mi casa, como si nada más que ella existiera en el mundo. Retiro el pensamiento con rapidez de mi mente, al fin y al cabo… es mi mejor amiga ¿no?

Al intentar abrir, mi torpeza hace que se me caigan las llaves, como siempre,  y oigo a Emma impacientándose detrás de la puerta, como siempre. Se ha convertido en parte de mi rutina y eso me molesta, pero no quiero sentir eso, mejor dicho, no debería sentir eso ¿no?

Me da un abrazo alegre, que me hace sentir como si yo le perteneciera, no como si nos perteneciéramos la una a la otra. Un escalofrío intenta subir por mi espalda pero lo rechazo hábilmente, ¿qué me pasa hoy? No es la primera vez que viene aquí y se adueña de mi casa (o de mí), tengo que actuar con normalidad, hacer lo que dice… tal vez así se vaya de una vez.

Me dice que subamos por las escaleras hacia la terraza, así que mientras subimos me cuenta sus historias en ese colegio del que jamás he oído hablar, con esos amigos tan fantásticos que nunca me ha querido presentar: “tengo miedo de que se enamoren de lo genial que eres y me dejes de lado” me decía siempre. Otro pensamiento ronda mi cabeza, hace meses que no sé nada de mis amigos por Emma, es como si me quisiera solo para ella, me ha apartado de mi vida… incluso mis padres se están empezando a preocupar. Basta, me obligo a parar de pensar en eso, porque es mi mejor amiga… ¿no?

La voz de mi cabeza no formula la pregunta con demasiada convicción pero igualmente paro de pensar, ya sea porque quiero o porque casi me choco contra la puerta de la terraza, no importa.

En cuanto abro se lanza a asomarse desde el octavo piso en el que nos encontramos, me invita a mirar con ella. La carretera parece una curvilínea serpiente gris reptando por entre la hierba, los coches se ven pequeños, insignificantes, es como si en cualquier momento el viento se los fuera a llevar a todos.

Como estoy ensimismada con mis pensamientos no reparo en que me he subido a la barandilla, ahora tengo los pies colgando sobre la enorme serpiente, y siento que Emma está a mi lado observándome… ¿en silencio?, nunca la había visto tan callada, pero no le doy importancia, cada vez estoy más concentrada en la serpiente que tengo a mis pies, quiero formar parte de ese paisaje que tengo debajo, si pudiera al menos…

Un grito me recorre de arriba abajo y dejo de soñar despierta, ahí está mi madre, tiene el rostro formando una mueca de terror y veo como intenta avanzar hacia mí a la vez que le tiembla todo el cuerpo. Trato de explicarle tranquilamente que sólo veía el paisaje con Emma, así se calmará. Pero en lugar de eso, me interrumpe, y hace que todos mis escalofríos contenidos salgan.

-Cielo, ahí no hay nadie.