Yo voy soñando

Blog creativo

Poemas y cuentos de los alumnos del IES Antonio Machado de Soria

Concurso de cuento 2016, categoría B, primer premio: Félix Arnaiz Jiménez

Escrito por yovoysonando 24-06-2016 en Bachillerato. Comentarios (0)

COLORES SOBRE COLORES

A veces, cuando su letra se lo permitía, Gabriel escribía los versos más bonitos y secretos. En esos momentos en que la inspiración atravesaba sus poros para filtrarse por sus riñones, cerraba los ojos y respiraba profundamente, casi inconsciente.

Al principio, su mano, desacostumbrada al rasgar del grafito del lápiz en las hojas, temblaba asustada e inocente. Poco a poco, se dejaba llevar, acariciando el grueso del folio sudado, ya suyo. Sentía cada letra como la única, sin ver lo que escribía, encarcelado en un oasis de pasión incólume. Cuando sus dedos tartamudos daban el visto bueno, Gabriel entreabría sus ojos pardos y acaramelados, cubiertos por una fina capa de agua translúcida. Un parpadeo repentino le señalaba la dirección curvada de su letra de médico. Él la observaba, hierático. Después, sonreía. La comisura de sus labios se inundaba con una lágrima de cocodrilo, más falsa que cierta pero, al fin y al cabo, húmeda. Dejaba pasar sus huellas sobre el suave manuscrito, sintiendo un cosquilleo rebosante de placer. Se acercaba el papel a la cara e inspiraba, alimentando de olores poéticos sus pulmones necrosados por el tabaco. Luego, cogía una goma desgastada de llorar y borraba lo que había escrito. Entonces el recuerdo de su letra asesinada le invadía y cesaba el llanto.

Casi tan firme como al principio, Gabriel se levantaba de la silla de madera argentina que le acompañaba desde que la compró en un mercado del mismo país. Levantaba la vista cansada del papel y miraba el reloj de su muñeca, casi tan viejo como él. Como siempre, llegaba tarde. Eran las doce y cinco de la noche y la blanca luna despuntaba en el horizonte de sus ideas, solitaria. Se calzó su bombín de terciopelo rojo y salió a la nocturnidad de la calle, aún joven. Se cuidó de no tropezar con el adoquín desbordado de la acera y siguió su camino. Las farolas ya lucían y él, todavía ebrio de la noche anterior, se jactaba del sol durmiente, ese gran desconocido.

Gabriel sabía perfectamente adonde ir, igual que cada noche. En el bar de la esquina, bebía un whisky tras otro con la cabeza en el más allá, con sus amigos caídos en batalla y con su hijo, del que era huérfano desde hacía veinte años. Lo perdió en una noche como aquella, tan lluviosa como bella, a manos del fusil de un veterano derechista. Su muerte de poco sirvió y el rojo amapola y fogoso seguía callado por el azul del mar redundante. Unos colores se imponían sobre otros, igual que siempre. Colores sobre colores, personas sobre personas.

El crepitar de un trueno en la lejanía devolvió a Gabriel a la realidad de la taberna, repleta de borrachos trasnochados.

- ¿ Quiere algo más? - preguntó el camarero señalando el vaso vacío de Gabriel.

Este recorrió la mirada hacia el hombre lentamente. Era gordo, de mediana edad, bigote canoso y exuberante, podría ser su hijo.

- Otro - respondió Gabriel apartando la vista del camarero. Sacó un papel de liar y una bolsita de tabaco y se fabricó un cigarrillo. El humo se concentraba a su alrededor, formando una nube densa y grisácea. Era su único amigo, el humo del cigarrillo. Rebuscó en su gabardina y halló un lápiz mordisqueado. Cogió una servilleta y se puso a escribir de nuevo. El camarero le sirvió la copa y este se la bebió de un trago. Se levantó fatigado del taburete y sin volver la vista atrás se despidió con un "buenos días, hasta mañana a esta hora". El camarero se despidió también y al recoger el vaso vio
una servilleta garabateada a su lado. La miró y consiguió descifrar una sola frase del alboroto de letras que había: "ahora nos vemos, hijo mío". Arrugó la servilleta y la tiró a la basura. Gabriel jamás volvió a aparecer por aquel bar y nunca más se supo de él. La lluvia se lo llevó, como a su hijo, un diecinueve de abril. 


Concurso de cuento 2016, categoría B, 2º premio: Julia Ramos Hernández

Escrito por yovoysonando 24-06-2016 en Bachillerato. Comentarios (0)

CRÍTICA POLINÓMICA

Rai ronroneaba en mi cama. Había sido mi primer día en el periódico y ya tenía trabajo. Debía escribir una crítica o un artículo de opinión, pero ¿qué es opinar sin criticar? Sólo necesitaba sustentar mi relato en un buen argumento. Algo profundo, cautivador, simplemente una historia atractiva, pero mi vida iba demasiado bien para quejarme.

En pleno siglo XXI, el bienestar social es demasiado alto, la gente no se conforma con cualquier cosa, la riqueza esta bastante repartida por el mundo, aunque el amor siempre supera al dinero. Pensé en centrarme en el gobierno, pero son gente honrada que quiere a su pueblo y cada día luchan por y para él. A todos nos gusta cómo llevan el país, la educación y la sanidad; sabemos que sus ideales siempre están por encima del poder y sus sueldos son parecidos al mío, así que no podemos quejarnos de mucho. Las de mi género ocupamos los más altos cargos en las empresas, junto a compañeros de diferentes razas, colores y religiones. Entiendo que personas como Voltaire o Rousseau criticaran la sociedad en la que vivían, pero hemos avanzado demasiado, hoy en día las apariencias no importan demasiado, y la gente no se sorprende al ver personas del mismo sexo de la mano. Abrí el periódico en busca de inspiración, quizá alguna noticia conmovedora, pero vaya, otro día más sin ningún asesinato ni robo, imputación o corrupción y ningún caso de violencia de género registrado.

Estaba claro que aquella lluviosa tarde de octubre, no era mi tarde y tampoco me apetecía encender la televisión, aunque la programación merece la pena. Podía escribir cualquier cosa, hay total libertad de expresión y de prensa, pero no estaba inspirada. Al final recurrí a la fuente de inspiración a que todo buen escritor recurre siempre, al amor, pero todo artista necesita una crisis sentimental, y yo precisamente no la tenía, hasta en eso tengo suerte.

Me sentía al borde del desempleo, y desesperada. Me di la vuelta un par de veces, pero a la tercera lo hice lentamente y con una amplia sonrisa. No me faltó tiempo para cometer el crimen. Así pues, emocionada, con los ojos llenos de lágrimas y con la mayor ilusión que nadie puede imaginar, comencé mi historia: "Coplas a la muerte de mi gato". 


Concurso de cuento 2016, categoría B, mención del jurado: Sara Porras Bedmar

Escrito por yovoysonando 24-06-2016 en Bachillerato. Comentarios (0)

UN SIMPLE SUEÑO

- Bueno, bueno, un placer haberte conocido. Estas últimas horas han sido de lo más divertidas, gracias por todo. Espero que nos volvamos a encontrar pronto. Aunque, quién sabe, igual ha sido todo un simple sueño ...

- Sería sumamente lógico que se tratara de un sueño, dado el lugar pintoresco donde nos encontramos. Sin embargo, hemos estado aquí un total de 3,14 minutos. Tu afirmación anterior sobre el tiempo no tiene ninguna base sólida.

- Bueno, bueno, Don Perfecto en persona. Es la primera vez que alguien me sigue tanto el rollo ... normalmente pasan más de mí. Y no es que me haya pasado con el tiempo, es una de mis despedidas automáticas. Grabada hace unos años, no voy a cambiarla ahora.

- Sueño … Ahora soy consciente de lo que es un sueño, aunque hasta hace un momento me era ajeno. Mi gente no sueña. Esa función no está presente en nuestro subconsciente ni en nuestro organismo. Ni siquiera tenía conocimiento de esta habilidad hasta el momento en que me encontré aquí. Carece de lógica el que ahora sea consciente de su existencia y sea capaz de hilar términos relacionados con ello.

- Suena … interesante. Parece que no entendieras nada de lo que pasa.

- Requeriría una explicación más detallada de la situación.

- Realmente no tienes ni idea, ¿verdad? Qué decepción, para una vez que cojo una sesión para tener sueños relajados, y aparece un fallo en la matriz.

- ¿Fallo?

- Tú. Tu existencia virtual. Sin saber siquiera dónde estás ... es la única posibilidad. Y es, como te gustaría decirlo, "perfectamente lógico". Nunca has sido real. Y no voy a desperdiciar mi tiempo con un error. Me largo a otra sala, a disfrutar de mis sueños sin tener que aguantar a un fallo. Adiós.

- Esper ...

No tuvo tiempo de terminar de decir la frase, con un sobresalto se despertó en su lecho. Una experiencia fascinante, ese "sueño".

- Aunque sumamente ilógico - lo repitió en voz alta con un atisbo de sonrisa en la cara, antes de cerciorarse de que a su alrededor nada había cambiado. Decidió investigar esa habilidad recién adquirida con más detenimiento en el futuro.


Concurso de cuento 2016, categoría B, mención del jurado: Pablo Martínez Lablanca

Escrito por yovoysonando 24-06-2016 en 4º ESO. Comentarios (0)

¿DÓNDE ESTÁ?

¿Dónde está? Me pregunto mientras miro el cortejo fúnebre que cae del cielo y cuyas antorchas se reflejan en el río. Esa muerte que dará paso a otra vida. Esa procesión de chispeantes rayos de luz que tantas veces he visto. Pero hoy todo es diferente. Porque no la encuentro. La he buscado por todos los rincones de mi corazón y de mi alma. He ido tras ella por cada calle de esta vieja y lúgubre ciudad. Pero todo ello ha sido en vano. Ahora no noto el cansancio de esas carreras desbocadas, ahora me limito a contemplar el ardiente anochecer. Pero la echo de menos, no puedo dejar de pensar en ella. Y me vienen a la cabeza infinitos recuerdos.

Ella estaba en cada regalo de cumpleaños. Cuando los juguetes y la tarta te hacían el niño más feliz del mundo. Estaba en todos esos momentos en que preferí reír a llorar y regalarle una sonrisa a los malos tiempos. Ella me daba la mano en cada proyecto que inicié y en cada meta que alcancé. Sin ella todo me parece triste, vacío, sin sentido. Siento que sin ella me muero. Muero lentamente, como el sol que avanza a descansar tras la sierra.

Era ella la que se refugiaba en mi corazón en cada beso, en cada caricia, en cada uno de esos amores inocentes. En esos momentos cuando con solo una mirada las pulsaciones me subían, pero sé que hoy me falta.

Ya solo un leve destello sobresale en el horizonte y no dejo de comerme la cabeza. Cada grito, cada sueño, cada paso que di era porque ella estaba conmigo, cada vez que pienso en ella la olvido más. Ya no recuerdo su dulce calor en mi pecho ni el sabor de algo bien hecho. Ya no está, se ha ido.

El sol ha muerto, las antorchas se han fugado y ahora huyen lejos pero son incapaces de esconderse pues brillan en forma de mil estrellas. Y la Luna se alza como un trozo de plata en el cielo y tiñe las aguas de puro blanco.

Yo, ahora, solo y azotado por la leve brisa y el frío de la noche, miro el puente medieval desde el Mirón. No quiero perder la esperanza de volver a ver como tantas veces, el agonizar de un día para aguardar a que llegue el siguiente. Quiero ser capaz de volver alguna tarde a este lugar con erra, y recuperar las ganas de vivir, de morir y de amar. Sé que son demasiadas palabras para decir algo tan simple. Solo quiero decirte:

-Te echo de menos, ilusión. 


Concurso de cuento 2016, categoría A, primer premio: Juan Martínez Gonzalo

Escrito por yovoysonando 24-06-2016 en 2º ESO. Comentarios (0)

PERIPECIA Y LA MONEDA

Villacanza, Febrero de 2002.

Mi vida empieza un 9 de mayo de 1998. Nací como moneda de 500 pesetas y rápidamente llegué a manos de una carnicera de Madrid, que  elaboraba productos artesanos de gran calidad, y cuya fabricación costaba más  de lo que se valoraba. Durante mis primeros días, vivía junto a otras monedas  de menor rango, pero que de la misma manera, ayudaban a mi dueña a mantener su duro negocio que tanto trabajo le daba.

Pasada una semana,' llegó una persona que pagó con un billete de 5000pesetas una serie de alimentos. Después de esto, el hombre me cogió, y me depositó en su monedero, donde había billetes de gran valor que parecía que le sobraban. Al día siguiente, llegué al Ayuntamiento, donde yo creía que haría algo, pero la verdad era muy diferente. Mi dueño era el alcalde de Villacanza, una ciudad de 47.000 habitantes, que lo único que tenia de interesante era la misteriosa pérdida de dinero que tenía el municipio.

Mientras vivía en el monedero de mi dueño, lo que más veía era que solo entraban billetes y más billetes, que se utilizaban en comprar coches, relojes de oro, casas ... Sí, mi dueño era rico, en mi opinión, más rico de lo normal. No me juzguen de acusar sin saber, pero las opiniones hay que respetarlas.

Pasaron meses y yo seguía sin salir del monedero. Mi dueño no daba ni una propina, ni una limosna, solo se lo gastaba en cosas superfluas. Yo me estaba aburriendo pero como las monedas no tenemos patas, no podemos movemos, así que a aguantamos.

En septiembre de 1999, veía continuamente a mi dueño nervioso y enfadado. Estaba claro que había algo detrás. Pero como novedad, había cambiado de monedero. Yo me alegré porque el otro ya estaba un poco desgastado. Después me llevaría a un oscuro cajón, de donde cogía fácilmente el dinero que necesitara, aunque mi dueño prefería billetes de 5000 pesetas, si es posible. De lo poco que podía oír, supe de una nueva moneda llamado ecu, que después se llamaría euro pero no le puse mucho interés.

En el 2000 mi dueño acabo en la cárcel después de que se resolviera el misterio del dinero. Así que la casa fue vendida a ...

Bueno, voy a hacer un juego. Adivina quién la compró ... iFelicidades si lo has acertado! La compró mi antigua dueña, la carnicera, que se hizo rica después de que un empresario descubriese su talento. Entonces, caí en la hucha de su hija que con amor y cuidado me guardó.

Como lo del euro era ya una realidad, ayer mi dueña me cogió camino del Banco de España. Mi dueña se tropezó y caí al suelo al lado de un mendigo cuyos rasgos me resultaron familiares. Entonces, descubrí que era mi antiguo dueño. Fue la última vez que lo vi. Se me hizo muy extraño verlo así. Hace dos años bien vestido y siempre con billetes de 10,000 pesetas en el bolsillo y ahora, con ellos vacíos. Rápidamente me recogió mi dueña. Compadeciéndose del estado del mendigo, le dio 300 pesetas. 

En unos minutos, mi dueña cambió a mis compañeras por euros y a mí como recuerdo me guardó, pero, como yo, a unas cuantas más. Ahora estoy en el mejor lugar donde una moneda puede estar, aunque si me necesitan siempre estaré junto a ellos.